Una historia que comenzó con un piropo: la historia de conversión de Annie Vaeth

Una historia que comenzó con un piropo: la historia de conversión de Annie Vaeth

Artículo originalmente publicado en el sitio «The Catholic Woman» («La Mujer Católica»)

La historia de conversión de Annie es una de cinco entrevistas de nuestra serie de Semana Santa: Historias de conversión y estímulo para los nuevos conversos. ¡Aprenda más sobre la serie aquí!


Antecedentes de Annie

Nombre: Annie Vaeth.
33 años
Estado de residencia: California
Antecedentes religiosos: bautista / no confesional
Año en que ingresó a la Iglesia Católica: 2006

Su historia de conversión

En el verano de 2004 viajé por Europa. Las iglesias católicas, el arte y la belleza atraían a mi alma artística. No tenía idea de que al abordar un tren a Roma comenzaría mi caída precipitada en la Iglesia Católica. Pero no fue Roma la que me empujó allí.

Conocí a un chico con cabello color arena, entusiasta y carismático. Lo primero que me preguntó fue «¿eres católica?» Esa es una frase de galanteo bastante mala, pero aún así funcionó.
Después del viaje de 10 horas en tren nos separamos y seguí preguntándole a Dios por qué no podía sacarlo de mi mente. No buscaba amor, solo tenía 18 años. Tenía una vida de oración fuerte y una relación íntima con Jesús, sin embargo, sentí un impulso para seguir el romance.

Yo no era anticatólica, los consideraba cristianos también, pensaba de ellos como una rama más del cristianismo. Amaba a Jesús, y Joe también, comenzamos a dialogar sobre nuestras creencias, para ver si llegábamos a un punto neutral.

Con cada pregunta y conversación, la Iglesia Católica salía ganando. Todavía tenía algunas preguntas doctrinales, pero la belleza, el ritual y el arte de la Iglesia Católica reclamaban rápidamente mi corazón. Me estaba enamorando.

Yo estaba simultáneamente discerniendo mi relación con Joe y mi relación con la Iglesia Católica. Estaba aterrorizada de confundir accidentalmente el amor de Joe con el amor por la Iglesia Católica.
Fui lo suficientemente honesta como para darme cuenta de que mis principales problemas con la Iglesia estaban basados en mi crianza. La Eucaristía era mi mayor obstáculo. La mayoría de la doctrina tenía sentido lógico para mí, pero nunca podría convertirme si realmente no creía en la Eucaristía.Tenía un sesgo cultural contra la Presencia Verdadera y no sabía cómo superarlo.

En medio de mi lucha por comprender la Eucaristía, Joe y yo nos comprometimos y comencé el RICA (N. Del T. Rito de Iniciación Cristiana para Adultos). Toda mi lectura, oración y discernimiento me llevaron a creer que la Iglesia Católica era donde yo necesitaba estar. Todavía me sentía incómoda con la Eucaristía, era tan extraño para mí. Mi educación bautista me había enseñado que era idolatría y esa era una creencia difícil de sacudir. Amaba demasiado a Jesús como para atreverme a inclinarme ante un pedazo de pan.

En un salto de fe, me casé en la Iglesia Católica antes de la Pascua en 2006. Sentí firmemente que iba a ser católica. Estaba lista para seguir las enseñanzas de la Iglesia sobre sexualidad, criar niños y todo lo demás. Todo excepto la Eucaristía.

Varias semanas antes de Pascua yo estaba luchando con la cuestión de la Eucaristía. Mi cabeza había tomado el discurso sobre el Pan de Vida en Juan 6 literalmente, pero mi corazón tenía miedo de dar el paso.

Hubo una procesión eucarística ese día en la iglesia. Me arrodillé en el fondo del templo, a un costado. Cuando me estaba arrodillando le dije a Jesús: «No me estoy arrodillando ante un pan, me estoy arrodillando ante Ti. Si ese eres Tú, por favor muéstramelo». Fue una súplica desesperada y honesta desde lo más profundo de mi espíritu.

Cuando el sacerdote llegó al final del pasillo, debería haberse dado la vuelta y seguir su camino, pero dio un paso hacia mí y se detuvo. Me bendijo con la custodia.

En ese momento sentí a Jesús besar mi frente y fui arrastrada por el poder de la Presencia Real. A partir de ese momento fui suya y católica para siempre.

La experiencia todavía me hace llorar cuando escribo esto, 13 años después. Era un atisbo del cielo. Un magnífico regalo del que soy totalmente indigna.

Me confirmaron unas semanas después, abrazando el catolicismo, y a Jesús, con todo mi corazón, mente y alma.

Palabras de aliento de Annie para los nuevos conversos católicos

Mi consejo para ti, nuevo converso, es ir despacio. Se llama practicar por una razón. Se necesita tiempo para asimilarse en la cultura después de la conversión.

Mi consejo es que practiques los sacramentos a menudo sin preocuparte si los estás haciendo bien.
No dejes que el miedo a hacer algo mal  te impida hacerlo. Los sacramentos te cambian incluso cuando no lo notes. La gracia recibida al vivir la fe católica trabaja en tu alma incluso cuando apenas puedes escuchar la misa por los niños, o cuando te duermes tratando de rezar el rosario, y la misa aún alimenta tu corazón incluso cuando es difícil soportar la música.

En caso de duda, ve a confesarte. Aprende a rezar de nuevo y no juzgues tu nueva vida de oración comparada con tu antigua cultura religiosa. Cuando tus oraciones y devociones se tambaleen, date un respiro y descansa en los sacramentos básicos.

Ve a la confesión. Ve a misa. Recibe la comunión. Repite.

La conversión al catolicismo es sólo el primer paso hacia una vida de aprendizaje de cómo estar plenamente vivo en Cristo, cómo abundar aún más en el amor, cómo practicar verdaderamente el amor. La conversión es la decisión de seguir a Dios con todo tu ser. Mente, cuerpo y alma. Va a ponerse complicado.

Sobre el converso: Annie Vaeth

Annie Vaeth es esposa, madre y artista. Ella vive con su esposo y sus tres hijos en el sur de California, donde estudian en casa, excepto en los días de esquí. Con 13 años de conversa, Annie ahora dedica su habilidad artística a ilustrar títulos marianos y otros temas católicos.

Fuente: https://thecatholicwoman.co/interviews/a-story-that-started-with-a-pick-up-line-conversion-story

 

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