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Razones para rezar el Santo Rosario

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Este apéndice, que sigue a los métodos para orar el Rosario, presenta las citas de otros autores que san Luis María de Monfort reproduce al pie de la letra; ellas se refieren a las Reglas principales de la Confradía del Santísimo Rosario, al poder y dignidad del Rosario y a la dignidad del Ave María.

Puedes ver los aquí los Métodos para rezar el Santo Rosario.

PRINCIPALES REGLAS DEL SANTO ROSARIO

1. Hacerse inscribir en el libro de la cofradía. Y, si es posible, confesar, comulgar y rezar el Santo Rosario ese día.
2. Llevar consigo el rosario bendito.
3. Rezar el Rosario de quince misterios todos los días o, al menos, cada semana.
4. Confesar y comulgar, si es posible, todos los primeros domingos y participar en las procesiones del Santo Rosario.
Recuerda que ninguna de estas reglas obliga bajo pecado.

PODER Y DIGNIDAD DEL ROSARIO

«Por medio del Rosario, grandes pecadores de ambos sexos se convertían a una vida santa y derramaba abundantes lágrimas de arrepentimiento. Hasta los niños se dedicaban a penitencias increíbles. La devoción hacia mí y hacia mi Hijo florecía tanto, que parecía como si los ángeles hubieran bajado a la tierra. La fe se fortalecía y muchos fieles anhelaban morir por ella y luchar contra los herejes…»
«Y así, por la predicación de mi querido Domingo y la fuerza del rosario, las tierras de los herejes fueron sometidas a la Iglesia. Se hacían muchas limosnas, se edificaban iglesias y hospitales, se llevaba una vida casta y honrada y se producían numerosas maravillas. El desprecio del mundo, el honor de la Iglesia, la justicia de los gobernantes, la paz de los ciudadanos, la honestidad de las corporaciones y de los hogares ponían de manifiesto una santidad eminente. Mejor: los obreros empezaban el trabajo sólo después de haberme saludado con el rosario y no querían descansar sin haberme rezado de rodillas. En medio de la noche, si recordaban haber olvidado el rendirme este homenaje, se levantaban prontamente de la cama y me saludaban con un respeto mayor y mezclado de arrepentimiento. Tal era la fama del rosario, que sus devotos se consideraban enseguida miembros de la Cofradía. Del pecador público y del blasfemo se decía –a modo de refrán–: ‘Este no es de los hermanos de Santo Domingo’. »
«No puedo silenciar los signos y prodigios que por medio del rosario he realizado en varias regiones: por él detuve pestes generales, puse fin a horribles guerras, curé fiebres, flujos de sangre y otros males parecidos. Entonces de verdad, el mundo gozaba de mis dones. Los ángeles del cielo se alegraban por sus rosarios, la Santísima Trinidad se complacía en ello, mi Hijo encontraba en esto su alegría, y yo un gozo que no pueden imaginar…»

«Gracias a la Exhortaciones de Santo Domingo, todos los hermanos y hermanas de su Orden nos honraban a mi Hijo y a mí con gran devoción, de manera inefable e incansable, rezando este salterio de la Santísima Trinidad. Cada uno recitaba todos los días el Rosario íntegro, considerando perdido el día en que hubiera faltado a este oficio. Tal era la estima por esta devoción, que por amor a ella los hermanos de Santo Domingo acudían más gustosos a la iglesia o al coro. Y si alguien daba la impresión de actuar con negligencia, le decían confidencialmente: ‘Carísimo hermano, no rezas el salterio de María, o lo rezas sin devoción…’ »

JUSTINUS MIECHOVIUS, O.P., sobre las Letanías Lauretanas, Discursus 313, 244 y 249

«Entre todas las cosas que se hacen en la Iglesia, el Rosario es para mí la más agradable, después de la Santa Misa» (BEATO ALANO).

DIGNIDAD DE LA SALUTACIÓN ANGÉLICA

«Los ángeles en el cielo ofrecen a la bienaventurada Virgen esta salutación: ‘Ave’. No con la boca sino con el
espíritu. Pues saben que por medio de él fue restaurada la ruina de los ángeles, Dios se hizo hombre y el mundo fue renovado» (BEATO ALANO).

«Cierta noche, un mujer –socia de la Cofradía del Rosario- descansaba en su lecho. La bienaventurada Virgen se le
apareció y le dijo: “Hija mía, no temas a tu tierna Madre, a quien rindes a diario tus piadosos servicios; te animo a perseverar. Pues has de saber que la salutación angélica me produce tanta alegría, que ningún hombre puede explicarlo”» (GUILLEMO PEPINO, en Rosario aúreo serm. 47).

«Esto queda confirmado por una visión de Santa Gertrudis. En el libro IV, capítulo XI, de sus Revelaciones se lee: “En la mañana de una fiesta de la Anunciación de la Bienaventurada Virgen María, mientras cantaban Ave María en el monasterio donde moraba Gertrudis, la santa vio tres ríos que salían del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y penetraban suavemente en el corazón de la Virgen Madre. Desde ese corazón volvían con ímpetu a su fuente.
Este influjo de la Santísima Trinidad daba a María el ser la más potente después del Padre, la más sabia después del Hijo, la más caritativa después del Espíritu Santo.’
La Santa supo también que cada vez que los fieles rezan la salutación angélica en la tierra, los tres ríos misteriosos envuelven con ímpetu a María y después de haberla inundado en admirable deleite, vuelven al seno de Dios.
De esta abundante alegría participan los santos y los ángeles, y también todos los que en la tierra rezan esta salutación, que renueva todo bien en los hijos de Dios. »

«He aquí ahora las palabras de la misma Virgen a Santa Matilde: ‘Nadie ha hecho jamás cosa más bella que el avemaría. Es imposible saludarme de una manera más dulce a mi corazón que con estas palabras llenas de respeto, con las cuales Dios Padre me saludó.’ »

«La Virgen María decía un día a Santa Matilde: ‘Todas las salutaciones angélicas que me diste están escritas en este manto. Cuando esta parte del manto esté llena de ave marías, te llevaré al reino de mi Hijo querido.’ »

«Dionisio, el cartujo, a propósito de una aparición de la Santísima Virgen a uno de sus predilectos, observa: ‘Saludemos a María con nuestra boca, nuestro corazón y nuestras obras, para que no pueda decirnos con razón: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí’.»

Ricardo de San Lorenzo enumera los motivos por los cuales se rezaba el avemaría al comenzar la predicación:

1. La Iglesia militante quiere imitar la conducta del ángel Gabriel; éste, antes de anunciar a María la Buena Nueva por estas palabras: Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, la saluda respetuosamente con el avemaría. Del mismo modo, la Iglesia, antes de anunciar el Evangelio, saluda a la Virgen.
2. Los que escuchan la palabra de Dios sacarán mayores frutos de la predicación. Los predicadores hacen las veces del ángel. Mas para que los oyentes den a luz, por la fe, a Cristo en sus almas, es preciso que obtengan esta gracia de María –quien fue la primera en darle a luz–, y con ella serán Madres del Hijo de Dios, pues sin María no pueden producir en sí mismos a Cristo.
3. Por el avemaría, cuya eficacia nos muestra el Evangelio, obtendrán la ayuda de la Virgen María.
4. Se evitan los grandes peligros de la predicación: María Iluminadora ilumina a los predicadores.
5. Los oyentes, a ejemplo de la Virgen, escuchan con más atención y guardan con más cuidado la palabra de Dios.
6. El diablo, enemigo del género humano y de la predicación del Evangelio, es arrojado lejos. Pues es de temer que, según la palabra de Jesús, venga el diablo y arrebate la palabra de su corazón para que no crean y se salven. »

«En su primer sermón sobre el rosario, Clemente Losow cuenta: Muerto Santo Domingo y llevado al cielo, la devoción al rosario había venido a menos y estaba como muerta. Fue entonces cuando una epidemia de peste empezó a hacer estragos en distintas regiones. Los pobres habitantes acudieron a un santo ermitaño que vivía en el desierto en la mayor austeridad. Le suplicaron que intercediera por ellos ante Dios. El santo varón implora a la Madre del Salvador, suplicándole que acudiera en su ayuda como abogada de los pecadores.
La Virgen se le apareció y le dijo: ‘Han dejado de alabarme. Por eso han venido estos males sobre ellos. Que vuelvan a su devoción de antaño y se beneficiarán de mi patrocinio. Alejaré la peste. Procuraré su salvación si quieren honrar me con la recitación del rosario, pues me gusta mucho esta forma de rezar.’
Aquellos hombres obedecen a la Virgen, y fabrican Rosarios que rezan de todo corazón…»

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