Santuario de la Congregación Querétaro

Santuario de la Congregación Querétaro

El Santuario de la Congregación, en Querétaro, como lo conocemos normalmente, es el segundo santuario más importante de Nuestra Señora de Guadalupe, sólo después del Santuario del Tepeyac.

El Templo de la Congregación de Clérigos Seculares de Santa María de Guadalupe se dedicó solemnemente el 12 de mayo de 1680, construido gracias al patrocinio del benefactor presbítero Juan Caballero y Osio. Su magnífico diseño es obra del arquitecto José de Rayas Delgado. La cúpula fue remodelada en 1736 por el maestro albañil José Guadalupe.

Altar. Santuario de la Congregación. Querétaro, México
Altar. Santuario de la Congregación. Querétaro, México

La imagen de la Virgen de Guadalupe que destaca en el altar es obra del insigne pintor novohispano Miguel Cabrera.

Este año celebra 100 años de la consagración del altar y 70 años de la coronación de la Virgen.

En el altar destaca la inscripción:

NON FECIT TALITER OMNI NATIONI

(No hizo cosa igual con ninguna otra nación)

El 25 de mayo de 1754, el Papa Benedicto XIV, confirmó el Patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España, (desde Arizona hasta Costa Rica) y promulgó una Bula que aprobó a la Virgen de Guadalupe como Patrona de México, concediéndole misa y oficio propios. Estas gracias que el Papa le concedió a la Virgen de Guadalupe se dieron gracias a este hecho: El Papa, después de contemplar extasiado una copia auténtica de la Guadalupana, pintada por Don Miguel Cabrera, fue llevada como regalo a Su Santidad por el padre Juan Francisco López. En esa ocasión luego de examinarla con atención, con lágrimas en los ojos pronunció una frase del salmo 147, 20 que hemos hecho propia: “non fecit taliter omni nationi” NO HIZO COSA IGUAL CON NINGUNA OTRA NACIÓN.

Todo en este santuario nos recuerda que Nuestra Señora de Guadalupe es patrona de México: desde la cúpula, las torres y las campanas, en verde, blanco y rojo, hasta la enorme bandera de México en el altar a los pies de nuestra Morenita.

Recordemos las palabras de Nuestra Señora y aprovechemos las gracias que nos da, visitándola y acogiéndonos a su protección, no sólo el 12 de diciembre sino durante todo el año.

“Sabe y ten entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores.

“¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa”

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